CODIGO IMEI (tremendo dato) Venganza: para los ladrones de Celulares... Cuando te roban un celular sabemos que recuperarlo es casi imposible... los ladrones los reciclan rápidamente. La experiencia es muy desagradable, pero las compañías operadoras reemplazan inmediatamente el teléfono. Sin embargo, existe algo muy interesante que deben conocer -es una especie de venganza- en el caso que alguna vez les roben el celular. Todos los celulares GSM (o sea, los que tienen chip) tienen un registro de serie único, que se llama CODIGO IMEI. Las compañías no lo tienen registrado. Sólo ustedes los dueños del aparato pueden acceder al código. Para obtenerlo marquen *# 0 6 # (asterisco-numeral-cero-seis-numeral). Nada más, NO PRESIONEN 'SEND' En la pantalla aparece el código IMEI. Apúntenlo y guárdenlo en un lugar seguro (agenda electrónica, PC, etc.). Si les roban el celular llaman al operador y le dan este código. El celular será bloqueado completamente y aunque el ladrón cambie la tarjeta SIM o chip, no podrá encenderlo. Probablemente no recuperen su celular; pero por lo menos tendrán la seguridad de que quien lo haya robado no podrá utilizarlo nunca. Si toda la gente supiera esto, el robo de celulares disminuiría porque no tendría sentido. Envíen este dato a todos sus amigos y conocidos. Comencemos a circularlo y anoten su Código IMEI en un lugar seguro.
Es muy frecuente encontrar en las organizaciones la costumbre destructiva de hablar a espaldas de otras personas.Este hábitose puedeconvertirenun cáncerqueseexpanda yfinalmente termine contaminando la cultura organizacional.
¿Qué pensaría de un agricultor que pone veneno en el agua con que riega sus sembríos?
Que está loco, ¿Verdad?
¿Y que hacen los ejecutivos de una empresa cuando hablan a espaldas de sus compañeros?
Están envenenando la cultura organizacional con desconfianza y desunión, lo que trae como resultado una merma de la productividad. No tiene sentido, pero es frecuente en las empresas. ¿Por qué?
Imagínese la siguiente situación. El gerente de Finanzas cuenta lo incapaz que es el gerente de Marketing ante una crisis. Se burla, describe sus errores y termina diciendo que no entiende cómo puede haber un gerente tan incompetente.
Este gerente financiero no está buscando mejorar la gerencia de la empresa: está tratando de elevar su ego menospreciando al gerente de Marketing.
El deseo de elevar nuestro ego es la causa principal del “raje” en las organizaciones.
Cuando el “raje” se asienta en la cultura empresarial, se pierde la coordinacióny cada uno jala para un lado diferente; resultado: gana el adversario. El hábito de hablar a espaldas de las personas crea en la organización bandos “buenos” y “malos”. Se entorpece la comunicación, se crea un clima de desconfianza, miedo y competencia desleal. Este clima hace más burocrática y lenta la toma de decisiones y disminuye la capacidad de respuesta a la competencia. Hoy día tenemos que luchar con nuestros competidores y no contra nuestros compañeros.
Algunas sugerencias para evitar este problema:
Instituya la regla de las cartas abiertas
“Nadie dice algo de otra persona si esa persona no lo ha escuchado primero”.
Es increíble el tiempo productivo que se gana cuando las personas dejan de conversar a espaldas de sus compañeros. Sin embargo, cuando un colega o subordinado empiece el “raje”, deje que ocurra, no diga nada en ese momento. Recuerde que el ego es el motor del “raje”. Si Usted le muestra su error, es posible que lo niegue y el ego explote en ira. Deje pasar unas horas y hágale presente el incidente. Estará más dispuesto a escuchar y cambiar.
La regla de las cartas abiertas funcionará sólo si usted da el ejemplo primero. Esto no es fácil. Si Usted posee una metralleta, seguramente la tiene con el seguro puesto para que no escape ninguna bala. Bueno; su boca también puede ser un arma peligrosa. Póngale seguro y piense antes de hablar.
Cuentan que un maestro oriental estaba en la casa de una familia recitando una oración a un niño enfermo. Un amigo de la familia que observaba se le acercó al final de la oración y le dijo: “Dígales la verdad; unas palabras no van a curar a este niño, no los engañe”. El maestro se volvió, lo insultó y le contestó gritando que no se metiera en el asunto. Este maltrato verbal sorprendió muchísimo al amigo de la familia, pues los maestros orientales nunca se alteran. Después se sonrojó, se alteró y empezó a sudar profusamente. Entonces el maestro lo miró con amor y le dijo:
“Si unas palabras te ponen rojo, te alteran y te hacen sudar, ¿por qué no pueden tener el poder de curar?”
Usemos en la empresa el poder de nuestras palabras para construir y no para destruir. Esta actitud no sólo beneficiará el clima organizacional, sino que también incrementará nuestra propia paz y tranquilidad.
En este mundo no solo se asesina, se agrede irracionalmente al planeta, se permite que la gente muera de enfermedades que son fácilmente curables o de hambre –que también, con un mínimo sentido de justicia, no tendría porque existir-, se descuida a la infancia, se especula, en suma, con el único don irreemplazable que es la vida. Más que eso, ya de por sí una invitación o detener el “creced y multiplicaos” bíblico, sino que también se practica la estupidez con una consecuencia que solo los seres humanos parecen tener la voluntad de sostener. Lea y paladee, esta información que he tomado de página 22 de Buenos Aires:
“El Gobierno Mexicano organizó un concurso de trámites inútiles con un premio de 22 mil dólares”.
Este año lo ganó una mujer que cada quince días tiene que reunir siete firmas para que el seguro social le facilite el medicamento que necesita su hijo. “El trámite me lleva mínimo cuatro días desde que me entregan la receta hasta que el medicamento es suministrado. Y pasa por ocho manos entre sellos y firmas de autorización”, contó Cecilia Velásquez, la ganadora.
Según los medios, tras la premiación se advirtió que para poder entrevistar a la señora Velásquez era necesario hacer un trámite”.
Esta noticia debería servirnos de inspiración para organizar en el Perú un concurso semejante. No se si superaremos la aptitud para la creatividad burocrática de los mexicanos, pero estoy seguro de que vamos a hacer un buen papel. Yo mismo podría contar alucinantes historias de las complicadas peripecias burocráticas que son necesarias para residir legalmente en esta tierra del sol y del buen comer.
La invitación ya está formulada y si el gobierno no se anima a convocar un concurso de esta naturaleza, tengo la absoluta certeza de que habrá más de una ONG capaz de hacerlo.
Podría llamarse “trámites horribles” o “Un mal día en la vida de un buen ciudadano” o “Mil trámites” para así aprovechar frases que tienen historia en los medios de comunicación. ¿Suena bien, verdad? Se podría hasta lanzar programas televisivos o radiales bajo el formato de miniseries donde se dramatizaría las historias de los participantes (que seguramente deben ser imperdibles y con todos los ingredientes capaces de convocar el rating) y luego hacer paneles donde intervengan los protagonistas reales y especialistas en temas sociales. Estaríamos matando así dos pájaros de un tiro. Por un lado crearíamos conciencia sobre el espantoso fardo que significa para el Estado y para la población la presencia de una burocracia anacrónica e irracional y, por el otro, le estaríamos ofreciendo a la televisión la posibilidad de hacer algo que, conmoviendo, educando y abriendo los ojos, le de una audiencia que les permita obtener a su vez los réditos económicos que procuran.
Podríamos adelantarnos publicando una vez a la semana historias de trámites que cada uno podrá enviarnos por e-mail o por carta a Perú 21 autorizándonos a publicarla con nombres y apellidos en esta columna.